PUERTO PRÍNCIPE.— Entre lágrimas, cantos de duelo e indignación, los habitantes de la comunidad montañosa de Kenscoff, en las afueras de la capital haitiana, despidieron este domingo a cuatro miembros de una misma familia que perdieron la vida durante una reciente masacre perpetrada por bandas armadas, un ataque que cobró un saldo total de al menos 47 personas fallecidas.
La Iglesia Bautista Conservadora de Kenscoff se convirtió en el epicentro del dolor comunitario. Cientos de vecinos, allegados y familiares abarrotaron el templo para rendir el último adiós a sus seres queridos. Durante el servicio religioso, los allegados alzaron la voz para denunciar la pasividad de las autoridades frente al asedio constante de los grupos criminales que controlan amplias zonas de Puerto Príncipe y sus alrededores.
El letal ataque, registrado hace una semana, no solo dejó casi medio centenar de muertos, sino también un dramático balance de 60 personas secuestradas. Tras días de angustia, el Fondo de las Naciones Unidas para la Infancia (Unicef) confirmó la liberación de 13 de los cautivos —seis niños y siete mujeres—.
Yannig Dussart, representante adjunta de Unicef en Haití, advirtió a través de un comunicado que la tragedia de Kenscoff no es un evento aislado, sino un crudo reflejo de la crisis humanitaria que golpea directamente a la infancia en el país. El organismo internacional reiteró su llamado urgente a las bandas armadas para que cesen la violencia y liberen de inmediato a los menores que aún permanecen retenidos.
Este nuevo episodio de violencia armada subraya la fragilidad institucional de Haití, que acumula más de 3,050 muertos y 1,401 heridos en la primera mitad del año según cifras de la ONU, mientras la nación intenta avanzar hacia la celebración de elecciones generales programadas para el 13 de diciembre de 2026.
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