Por Jhanel Ferreras. —

Santo Domingo, D.N. — En 1795, la parte española de la isla de Santo Domingo fue cedida a Francia, cuando España, mediante el Tratado de Paz de Basilea, le puso fin a la Guerra de la Convención 1793-1795.

En 1808, tras la invasión de Napoleón a España, se originó en la isla el movimiento de La Reconquista, dirigido principalmente por Juan Sánchez Ramírez, con el objetivo de retornar al dominio español.

Con notable valentía, Juan Sánchez Ramírezorganizó la resistencia en el interior de la colonia. Previamente, llevó a cabo una gestión diplomática y geoestratégica en la isla de Puerto Rico, lo que propició el respaldo inglés. Las tropas desembarcaron en la región Este, por Boca de Yuma, Higüey, mientras otros campesinos y soldados criollos se concentraban en Sabana de la Mar. Finalmente, El Seibo constituyó el principal punto de encuentro de las fuerzas resistentes.

El 7 de noviembre de 1808, en la sabana de Palo Hincado, el valor de la dominicanidad comenzó a defender el territorio de forma integral, con la plena convicción de que solos ya era necesaria la defensa de lo que sería la patria posterior.

Palo Hincado no fue una batalla cualquiera. Fue el motor de arranque de lo que 36 años después, en aquella noche del 27 de febrero de 1844, se proclamó con la frase que retumba aún en el presente: Dios, Patria y Libertad.

Juan Sánchez Ramírez sabía que el ejército francés era un ejército profesional, con mayores técnicas y formación militar que los criollos dominicanos. Por eso se elevó a la gloria patria cuando, en medio de la arenga militar, estableció la siguiente frase:

«Pena de la vida al que volviere la cara atrás, pena de la vida al tambor que tocase retirada, y pena de la vida al oficial que lo mandare, aunque sea yo mismo.»

Quedaba claro que era preferible morir antes de seguir bajo el dominio francés en la parte española de la isla de Santo Domingo.

La guerra solo duró 50 minutos. El líder de las tropas napoleónicas, el general Louis Ferrand, gobernador francés, terminó muerto en pleno combate. Se dice que el suicidio fue su salida antes de caer prisionero de las tropas valientes que encendían la llama de la dominicanidad.

Posteriormente los dominicanos pasamos a la etapa denominada España Boba, dejando atrás las opresiones del dominio extranjero y sobreviviendo durante una época muy difícil para la economía criolla.

La sociedad dominicana siempre se ha forjado en medio de la incertidumbre, de la escasez, del aislamiento y del dolor. Y siempre hemos superado nuestras pruebas, forjando un territorio con valores, determinación, valentía, dignidad y mucho honor.

Todas nuestras regiones han aportado un grano de patriotismo en toda nuestra historia. Azua de Compostela, Neiba, El Seibo, Salvaleón de Higüey, Santiago de los Caballeros, La Vega Real y San Juan de la Maguana, por mencionar algunas, han dejado sus huellas de sangre en favor de lo que hoy tenemos como nación.

Este pueblo ha sido valiente desde el génesis. Hemos vencido a los ingleses, dos veces a los franceses, resistido a intervenciones contemporáneas, y hemos derrotado a los haitianos que durante toda la vida han querido dominar el territorio, incluyendo el presente, con mecanismos más sutiles y en ocasiones agresivos.

Es importante que, ante un mundo saturado de información digital, nuestras familias vuelvan al génesis de la educación histórica. Que todos los dominicanos conozcan sus orígenes, su pasado, sus batallas y sus sacrificios. Y que levantemos de forma uniforme el pabellón nacional que tanta sangre nos ha costado durante 533 años de construcción de nación.

La dominicanidad es el resultado de la convivencia pacífica pero valiente, del desprendimiento colectivo de una población que supo abordar la fusión del génesis, donde el racismo no tiene espacio y donde las buenas costumbres rigen las familias que construyeron esta gran nación, desde la creencia en un Dios verdadero y el perdón permanente de sus habitantes.

¡Que viva la memoria histórica de todos los hombres y mujeres que incidieron en la batalla de la Sabana de Palo Hincado!

«Aquellos que no pueden recordar el pasado están condenados a repetirlo.»

George Santayana, profesor y filósofo madrileño.

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